Los viñedos
Nuestra historia y los viñedos son nuestra mayor riqueza, de ellos proceden uvas extraordinarias que se convierten en magníficos vinos.
Son catorce parcelas ubicadas sobre la Ruta Nacional 40 las que nos enorgullecen. Su terreno, exposición, microclima y edad de las vides constituyen nuestro concepto de terroir, representando la identidad de unos vinos únicos e irrepetibles, inspirados por una tierra donde la uva tiene el carácter dado por su máxima concentración y calidad, otorgado por viñedos centenarios y por la experiencia, pasión y saber hacer de nuestros antepasados viticultores, que han dedicado sus vidas al cuidado de la finca y la elaboración del vino.
En honor a ellos los viñedos llevan sus nombres, y las uvas, la personalidad de cada uno de nuestros queridos antepasados. Somos orgullosos propietarios de unos de los mejores viñedos argentinos.
Viñedo María de Medina
y Montalvo con cabernet franc
Esta encumbrada dama de la sociedad colonial del Tucumán fue hija legítima de don Claudio de Medina y Montalvo y de doña Felipa de Salazar, según consta en el documento N°51 del Archivo Histórico de Tucumán.
Fue su padre un importante funcionario del cabildo de Ibatín, la primitiva ciudad de Tucumán, descendiente del conquistador don Gaspar de Medina y de la princesa inca doña Bárbola Coya del Perú, cuyo casamiento fue muy importante y de eterna memoria histórica. Por su parte, doña Felipa de Salazar era hija del escribano mayor del cabildo tucumano, de gran prestigio y significación.
Por su inspiración y decisión económica se construye la casona y la capilla con elementos traídos de Chile a través del Paso de San Francisco, y más específicamente desde las ciudades de La Serena y Copiapó.
Fue la fundadora de esta capellanía lega dedicada a Nuestra Señora del Rosario y también del mayorazgo que subsistió hasta el año 1903.
En su testamento, que la familia conserva, nombra primer patrono a su hijo Andrés de Iturriza, y así sucesivamente de acuerdo a las leyes de los mayorazgos españoles hasta hoy en día en cabeza de Federico Mena Saravia, su décimo nieto.
Una de sus descendientes la recordaba así: “Sueño a la vera de hontanares rumorosos, / En trenzas nimbadas de noche, ojos morunos, / En cimbreante cadera y brazos ardorosos, / María de Medina, rosa de arena, así te resumo”.
Viñedo Asunción Dávalos Leguizamón
con cabernet sauvignon
Nació en Salta por 1863 y falleció en la ciudad de Buenos Aires en septiembre de 1946. Hija de don Benjamín Dávalos y Avilés y de doña Asunción Leguizamón y Cobo de Ugarteche, creció en el seno de una familia culta, donde los juegos con sus hermanos alternaban con la preparación en la lectura, destacándose en caligrafía, armoniosa conjunción que se deja ver en sus escritos. Doña Asunción se casa con don Felipe Leguizamón Llano, primo en segundo grado.
Su padre fue un muy destacado abogado nacido en Potosí, lugar de origen de toda la familia Dávalos radicada en Salta, y antes de casarse desempeñó importantes cargos en distintos ministerios del Gobierno Central de Bolivia, integrando con honor la legación de su país en Francia. En Salta fue un destacado educacionista, al punto que una escuela lleva el nombre Doctor Benjamín Dávalos y Avilés.
Tanto don Felipe como doña Asunción fueron destacados propulsores de la finca que don Felipe había heredado de su madre, doña Gualberta de Llano, hija de don José Eduardo Llano, cuya placa de mármol se destaca en la capilla del fundo.
Este matrimonio que tenía importantes propiedades en Salta supo insuflar a su hijo don Jorge Leguizamón Dávalos el intenso amor por su herencia de Hualfín, afecto que se transmite irrestricto hasta nuestros días en toda su descendencia, al punto que la propiedad brilla airosa como en sus mejores épocas.
Viñedo Jorge Leguizamón Dávalos,
de uvas criollas blancas y negras, torrontés riojana, cereza negra y cereza rosada.
Don Jorge Leguizamón Dávalos nació en la ciudad de Salta, de profesión agrónomo, se desempeñaba como administrador de los campos que poseía su madre en la localidad salteña de Anta.
Fue el tercero de su apellido en hacerse cargo de la finca al morir su padre, don Felipe Leguizamón Llano, hijo de don Felipe Santiago Leguizamón y Ruiz de Gauna y de doña Asunción Dávalos Leguizamón. Arribó a Hualfín, propiedad de su padre, en el año 1928.
Por aquel entonces, Hualfín solo contaba con alguna escasa población de viñas destinadas exclusivamente para uso doméstico, y junto con su mujer, doña María Esther Leiva Llano, emprendieron la aventura de plantar viñas con sentido empresarial, uvas que dieron nacimiento a la primera bodega ubicada en el Hualfín de sus amores. Fueron estas las cuatro hectáreas iniciales de uvas finas que alimentaron la primera bodega de la localidad, para continuar con singulares vendimias encendiendo el aire bucólico del terruño.
Esta bodega data del año 1936, alimentada con uvas propias, constituyéndose don Jorge Leguizamón Dávalos en el primer bodeguero de Hualfín.
Le sucederían en la elaboración de vinos finos don Carlos Alberto Saravia Zerdán, Carlos Ernesto Saravia Leguizamón y por último Federico Mena Saravia.
Viñedo María Esther Leiva
Llano con merlot y bonarda
Nació en la ciudad de Salta, estuvo casada con don Jorge Leguizamón Dávalos, su primo en segundo grado. Fueron sus padres don Laudino Leiva y doña Esther de Llano, y a la vez era sobrina de una de las hacedoras de la propiedad, como lo fuera doña Gualberta de Llano de Leguizamón.
Fue doña María Esther abnegada esposa de su marido, acompañándole en las múltiples tareas de la extensa propiedad. Devota piadosísima de la Virgen María, se dedicó con ahínco al cuidado de su hogar y de la capilla familiar, realizando una vasta obra evangelizadora en la zona, enseñando a rezar la oración mariana por excelencia al personal que colaboraba en las tareas domésticas. Era justamente ella, la que, con su frágil figura, recorriendo el trayecto entre la capilla familiar y la casa, desgranaba a distintas horas del día las cuentas de su diminuto rosario.
Viñedo Carlos Alberto Saravia
Zerdán y Gorriti con uvas cabernet franc
Don Carlos Alberto Saravia Zerdán constituyó para la vida de Hualfín una de las figuras preclaras y de mayor significación en la historia de esta propiedad tan rica en tradiciones.
Nació en la provincia de Salta, en la localidad de Rosario de la Frontera, perteneciendo a familias de larga raigambre en la provincia, tanto de su padre don Ambrosio Saravia como de su madre doña Balvina Zerdán Gorrriti, también nacida en la misma localidad.
Llegó a la propiedad de los Leguizamón de la mano de don Jorge Leguizamón Dávalos para trabajar junto con él en la finca de Hualfín. Posteriormente entró en la familia al casarse con su hija, doña María Hortensia.
Al morir su suegro se hizo cargo de la administración, y es cuando la propiedad se ve aumentada por compra a los distintos herederos, engrandeciendo así el fundo. Se hicieron en la oportunidad obras de envergadura como la instalación de agua corriente y luz eléctrica para la casona extendiendo el beneficio a las viviendas de los trabajadores, cuando nada de ello existía. También aumentó las plantaciones de vides y sembradíos. Hualfín había entrado en la modernidad con la adquisición de los primeros tractores viñateros, además de una radio para comunicarse con la ciudad de Salta.
Viñedo María Hortensia Leguizamón
Dávalos y Leiva Llano con malbec, tannat y cabernet franc
Nació en la ciudad de Salta en abril de 1917, siendo sus padres don Jorge Leguizamón Dávalos y doña María Esther Leiva Llano, y fue la heredera natural del fundo. Realizó sus estudios secundarios en Salta y Tucumán, complementados con los de piano. Dotada de una gran sensibilidad para la música, dedicó su vida a la crianza de su numerosa prole y a acompañar con decisión y coraje a su marido don Carlos Saravia Zerdán en el cuidado del fundo. Cuando enviudó siguió acompañando con entusiasmo las labores de sus hijos administradores, poniendo toda su energía y amor en este nuevo desafío.
Viñedo Jorge Alberto Saravia
Leguizamón con uvas malbec
El viñedo honra a Jorge Alberto Saravia Leguizamón, primogénito de don Carlos Saravia Zerdán y Gorriti y de doña Hortensia Leguizamón Dávalos, que se hizo cargo de la administración de la finca al morir su padre. A él se debe la colección de ollas y vasijas funerarias encontradas en un cementerio indígena ubicado en el Potrero del Rincón, propiedad de la finca, y colocadas por la familia en un museo que lleva su nombre. Murió muy joven, a la edad de treinta y tres años, víctima de una cruel enfermedad. Le sucedió en la tarea su hermano, Carlos Ernesto Saravia Leguizamón, quien administró el fundo por largos años.
Viñedo Aída Hortensia Saravia
Leguizamón y Dr. Edmundo Mena con uvas malbec
Aída Saravia es la segunda hija de don Carlos Saravia Zerdán y de doña María Hortensia Leguizamón, casada con el doctor Edmundo Severo Mena, abogado y profesor universitario en la Universidad Nacional de Tucumán, ya fallecido. Juntos cumplieron una etapa muy importante y decisiva dentro de este fundo, tanto en las labores propias del campo como también en el mantenimiento de la finca durante aproximadamente diez años. El amor inmenso profesado por este matrimonio se hizo extensivo al cuidado de la tierra y la capilla a la que amaron tanto como si fuera su propia hija.
Viñedo Teresa Asunción Saravia
Leguizamón con uvas malbec
La herencia de don Carlos A. Saravia y doña María Hortensia Leguizamón recae en sus siete hijos, entre los cuales se encuentra Teresa Saravia Leguizamón, nacida en Salta y madre del actual propietario Federico Mena Saravia por compra a los herederos del fundo. Teresa Saravia Leguizamón es docente y profesora superior de piano.
Su condición de mujer le impide dedicarse a los laboreos del campo, pero sí ocuparse de la restauración de la casa y el cuidado de la capilla familiar, hoy patrimonio histórico nacional, continuando el legado con esmerada dedicación junto con su hija, María Carolina Mena Saravia. Su amor por este terruño se transmitió como un torrente a su descendencia.
Viñedo Ricardo Federico Mena
Nacido en San Miguel de Tucumán, adoptó Salta como su lugar al casarse con Teresa Asunción Saravia Leguizamón. De profesión odontólogo, su afición a la lectura, a la genealogía y a la historia lo llevaron a escribir novelas, zambas, relatos y cuentos. Galardonado con el primer premio de la provincia de Salta, obtuvo también primeros puestos nacionales en concursos de zambas y canciones de su autoría. La estrecha relación que mantuvo con su suegro, a la sazón su padre por adopción, hizo germinar en él el amor por Hualfín. Inmerso en los documentos familiares, como una suerte de arqueólogo genealógico, desenterró el valioso pasado histórico de la familia. En él descubrió que la devoción a estas tierras no solo se extendía en el tiempo sino también en el afecto transmitido de generación en generación, plasmado en hechos concretos como la instalación física en el fundo, cuando el confort era aún palabra desconocida. Supo ejercer como vinicultor en cierta etapa de su vida. Inmerso en la alquimia de aromas y colores adquirió pleno conocimiento del arte de los sabores. Pasó largas temporadas en el fundo donde repartía su tiempo entre San Fernando, sitio de la bodega, y Hualfín. Hoy acompaña, aconseja y alienta a su hijo Federico en este nuevo desafío. Sus ilustres antepasados habitaron también estas tierras, quizá por ello germinó en él tal semilla, identidad que supo transmitir a sus hijos y nietos.
Viñedo Lucrecia Saravia Leguizamón
con malbec
Nació en la ciudad de Salta. Fue la cuarta hija de don Carlos Saravia Zerdán y doña María Hortensia Leguizamón. Se graduó como profesora en el Instituto Superior de Educación Inicial, ejerciendo luego como docente en el mismo establecimiento. Su espíritu emprendedor y la entrega a su labor la llevaron a fundar el instituto Kindergarten, pionero en la ciudad, siguiendo los preceptos de la conocida formadora de maestros Soledad de Stein.
Pasaba con su familia largas temporadas en Hualfín. Nunca abandonaba su ánimo educador, faceta que despuntaba en largos juegos campestres, matizados con trabajos culturales como la recolección de espárragos silvestres, haciendo las delicias de sus hijos y sobrinos que la recuerdan con inmenso cariño luego de su pronta partida, dejando indeleble su dulce candor.
Viñedo Federico Mena Saravia
y Leguizamón con uvas malbec y cabernet sauvignon
Federico Mena Saravia y Leguizamón es hijo de Teresa Asunción Saravia Leguizamón, casada con Ricardo Federico Mena, constituyéndose en la decimotercera generación propietaria del fundo y la cuarta de bodegueros.
El campo recibió un gran impulso de la mano del actual propietario, debido a su voluntad y energía, con la adquisición de modernas maquinarias antes nunca vistas en la zona. Este viñedo fue reimplantado en el año 2022.
Haciendo honor a lo que alguien dijera con acierto: “Soy porque fueron”, alusión referida a quienes le precedieron en el tiempo, Federico ha recogido el ejemplo de sus mayores recomponiendo vastos territorios que se encontraban abandonados. Es así que comienzan a crecer hectáreas de viñas finas y foráneas aquerenciadas en este privilegiado terroir. Sus continuos viajes a la cuna de los buenos vinos europeos le permitieron traer técnicas y cepas de gran aceptación en el mundo.
La moderna bodega atesora vinos de guarda prémium, almacenados en cubas de roble francés de un solo uso y destinados a los más sofisticados paladares del mundo. El fundo continúa desarrollándose con prisa y sin pausa, conservando y engrandeciendo el mandato familiar.
Viñedo Ana María Vallejo
con uvas sauvignon blanc plantadas en el año 2021
Nacida en la ciudad de San Miguel de Tucumán, está casada con Federico Mena Saravia y es hija de Gerardo Segundo Vallejo, director de cine, y de María Evangelina Delgado. Este viñedo fue plantado en el año 2021.
Ana María es artista plástica, habiendo concurrido a distintos talleres bajo la dirección de prestigiosos maestros, y colabora con su marido en las tareas rurales, como así también en el cuidado, restauración y mantenimiento de la casona.





