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Nuestra Bodega

Cuatro generaciones de hacedores
de vinos prémium en el Alto Valle de Hualfín

La historia de esta nueva concepción se basa en el sueño y el amor puesto por la familia, donde al pensamiento de toda esperanza antigua se suma una versión diferente y superadora, y donde las actuales ideas se unen a las del pasado para dar lugar a un nuevo suceso: el vino prémium imbuido en distinciones de excelencia.

Esta historia familiar de cuatro generaciones de bodegueros comienza por el año 1936 con don Jorge Leguizamón Dávalos, agrónomo, asimilado al Ejército Argentino y administrador en la localidad de Anta de las posesiones de su madre doña Asunción Dávalos Leguizamón, abandonando este trabajo para hacerse cargo de la herencia de su padre don Felipe Leguizamón de Llano en Hualfín.

Este hecho alumbró esa voluntad creadora hecha de reservas de un pasado de continuidades familiares de sangre y esfuerzo indestructible, dando así lugar al nacimiento de la primera bodega de la mano de su creador para animar vivamente la naturaleza circundante del valle.

La segunda etapa de estos desvelos recae en don Carlos Saravia-Zerdán Gorriti, su yerno y esposo de la heredera natural de la propiedad doña María Hortensia Leguizamón Dávalos, quien diera un inusitado impulso a los viñedos y bodega, perfeccionando cultivos, técnicas vitivinícolas y de riego, para lo cual contratara técnicos foráneos especializados en estas nuevas disciplinas. Se hicieron nuevos callejones y trazados modernos del terroir, reverdeciéndolos con arbolados diferentes que dieron un toque de esteticidad al conjunto.

Don Carlos Saravia-Zerdán Gorriti se hizo cargo de la propiedad al morir su suegro don Jorge Leguizamón Dávalos, recayendo la herencia en su hija unigénita doña Hortensia Leguizamón. Fue esta una etapa de grandes concreciones, tanto en el campo como en la bodega, dotando a las instalaciones y al predio de agua corriente y luz eléctrica hasta entonces desconocidas. Fue una época de sueños repensados y creados por su protagonista, abuelo de Federico Mena Saravia, actual propietario del campo y la bodega.

Esta continuidad familiar de creadores en su tercera etapa se concreta con el advenimiento de Carlos Ernesto Saravia Leguizamón que expandiera la producción de vinos tintos y blancos, de gran aceptación en los mercados de la región.

En el ínterin de estos ciclos históricos, la propiedad estuvo al singular cuidado de los hermanos Jorge Alberto Saravia y Aída Saravia Leguizamón que, junto con su marido Edmundo Mena, pusieron responsabilidad y pasión en el cuidado del predio y la bodega.

La cuarta etapa de hacedores bodegueros se concreta con el advenimiento de Federico Mena Saravia, quien, con la experiencia y el acompañamiento de su padre, Ricardo Federico Mena-Martínez Castro, mantiene esta continuidad generacional por ser hijo de la anterior heredera Teresa Asunción Saravia Leguizamón.

El advenimiento de este cuarto bodeguero significó una inusitada expansión, tanto en la plantación de vides traídas de Francia e Italia como en la instalación de una moderna bodega y maquinarias de última generación que cambiaron grandemente la fisonomía bucólica del paisaje en esta época compleja que nos toca vivir, siendo tal vez el prólogo de tiempos venideros que anuncian los soplos sanos de la tierra.

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